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Entrevista:

Lluis Quilez, director de cine

Lluis Quilez

Director de cine. Ganador del Trofeo Torretes de Cortometrajes con la obra "Yanindara"


Texto: Àlex M. Franquet
Calella.


- ¿Podrías explicar el origen de la idea de "Yanindara" y como surge el guión?

La primera vez que vi un campamento de gitanos del este, acampados con sus caravanas y furgonetas, fue hace 6 años. Para aquel entonces, estaba trabajando en mi primer cortometraje como director y alrededor de una fábrica abandonada situada a las afueras de Barcelona, donde estábamos rodando, había un campamento de gitanos emigrados de Rumania. Cada día, antes de empezar a rodar, pasaba entre las caravanas y podía oír como hablaban en un idioma incomprensible para mí, ver cómo se aseaban en plena calle o incluso cómo preparaban la comida. Ni mi presencia ni la de ningún otro transeúnte parecía importarles y de ningún modo podía alterar lo que sucedía dentro de la burbuja en la que ellos vivían. Una burbuja que hoy podía estar acampada en Barcelona, mañana en París o pasado en Lisboa.

Mientras se alargó la postproducción de mi primer cortometraje busqué un trabajo que me permitiera tener las jornadas de día libres y que sólo me ocupara el turno de tarde noche. Entré a trabajar en un videoclub. Allí, cada tarde, recibía la visita de unos "pequeños invasores" de los que ya había sido alertado por mis compañeros de otros turnos: un grupo de cuatro niños gitanos de entre 5 y 12 años. Tres niños y una niña encargada de cuidar a un bebé de meses. En un principio, su principal objetivo se basaba en entrar, "coger" alguno de los productos que teníamos en venta (principalmente chucherías, latas de refrescos, patatas fritas…) y salir corriendo. Ese tipo de pequeños hurtos jamás se denuncian y era imposible detenerlos desde la parte de atrás del mostrador, estando solo en la tienda. No recuerdo qué fue, pero de repente los niños prefirieron dejar de robar y quedarse a mirar una de las películas que yo ponía en el monitor de detrás del mostrador, para pasar entretenido las horas muertas. Pese a las limitadas posibilidades de comunicación que había entre nosotros, ya que ellos apenas sabían unas palabras de español, empezó a crearse un vínculo y hasta un cierto compañerismo entre ellos y yo. Ellos me pedían películas y yo se las ponía a cambio de que no robaran. Ese era el trato. Al cabo de unos meses, dejé ese trabajo y dejé de ver a esos niños y ahí acabó mi contacto con los rumanos de etnia gitana. Aún conservo el dibujo que me hicieron el día que les dije que me marchaba.

Seis años más tarde, decidí recuperar una idea que siempre me había rondado por la cabeza para un nuevo cortometraje. La idea consistía en una niña adolescente que posee un don, algo que la hace especial, diferente, única pero que al darse cuenta que eso la esclaviza decide sacrificarlo. También habla, de alguna forma, de la de la pérdida de aquello mágico que todos tenemos cuando somos niños y que se desvanece al entrar en el mundo de los adultos. Y por último, que la tan ansiada libertad a veces tan sólo es una jaula un poco más grande que la que hemos huido.

Sobre ese punto de partida empezamos a trabajar con mi guionista. Enseguida nos dimos cuenta de que pese al componente mágico / fantástico de la historia queríamos abordarla desde el tono de un drama realista. Fue entonces cuando apareció la idea que nos permitía combinar ambos elementos. Enmarcaríamos la historia en un campamento gitano. Un campamento de gitanos del este. Nómadas que hoy están aquí y mañana puede estar acampados en cualquier otra ciudad. La cultura gitana sigue siendo a día de hoy desconocida y críptica para la mayoría de nosotros. Podía ser interesante enseñar la historia que se esconde detrás de una de las niñas que piden limosna en el metro con un bebé en brazos. Dar la vuelta a ese concepto y entrar dentro de su burbuja.

Siempre es curioso e impredecible cómo se alinean las ideas durante el proceso de escritura. Pero una vez tomada esta decisión todo lo demás salió sólo. Las piezas encajaron de forma automática.

- Mencionaste que el casting (y la persona que te lo llevó) fue una de las claves importantes. ¿De dónde sacasteis a todos los actores? ¿Cómo fue el casting? Puedes hablar un poco más de este aspecto.

Tras sincronizarse una serie de factores coyunturales (siempre la financiación de un proyecto, y más de un cortometraje, acaba siendo una suma de casualidades) y con el apoyo de unos productores que apostaron, desde el coraje y el amor, por la pureza del arte cinematográfico, por una película de máximo riesgo, nos pusimos en marcha en la realización de este cortometraje. Aquello que durante un tiempo sólo son palabras sobre unas hojas de papel debe convertirse en realidad, debe materializarse para que se pueda llevar a cabo la traducción en imágenes de la película. Partiendo de la base que esta historia sólo tenia sentido si reuníamos un elenco de protagonistas y figurantes que fueran gitanos rumanos, comenzamos el proceso de búsqueda /casting de los protagonistas. Teníamos que encontrar a dos adolescentes gitanos rumanos de entre 13 y 15 años. El primer paso fue acceder a los núcleos de gitanos rumanos de la ciudad de Barcelona y alrededores. Gracias a la ayuda de varios estamentos públicos y a la ardua labor de Jordi Herreros, el director de producción, encontramos los sótanos en los que vivían hacinadas, con unas condiciones de vida durísimas, 30 personas en poco más de 60 metros cuadrados. Poco a poco nos fuimos ganando la confianza del núcleo gitano rumano y dejaron de vernos como a unos extraterrestres que les proponían abandonar la mendicidad y los hurtos durante unos días para enrolarse a hacer una película. El procedimiento era sencillo, primero les tomábamos fotos uno a uno, en su propia casa, ya que era impensable sacarlos de su entorno para realizar un proceso de casting convencional. Como me encargué personalmente de este proceso, si alguien resultaba especialmente interesante intentaba charlar un poco, comunicarme a fin de poder descubrir algo más de su personalidad.

En un rincón estaba ella. Callada y tímida esperando su turno. Desde luego pensé que tenía algo especial. Sólo fue una intuición. Funciona así como un pequeño "flechazo". Pasaron las semanas y volvimos a ese sótano para preguntar por esa chica. Tenía 15 años y vivía con la familia de su "marido". Estaban casados desde hacía 3 años.

Nos llevamos a unos cuantos chicos y chicas a la localización que habíamos elegido para "montar" el campamento gitano que sería el decorado principal de la película. Ahí les hice una sencilla prueba de cámara para ver cómo reaccionaban al ser filmados. Cómo siempre sucede, ver esas pruebas en pantalla grande una vez positivadas en el laboratorio fue revelador y acabé de constatar la enorme fuerza que tenían Camelia y Bulgar. Mi primera intuición había sido la correcta en este caso. Esa niña tenía la magia en los ojos. Ellos serían Yanindara y Adonay.

- ¿Crees que alguno de los "actores" tiene futuro?

Sinceramente lo veo dificil es muy dificil cambiar el orden de las cosas para ellos. Vivieron esos días como una aventura mágica y dieron lo mejor que tenian dentro para la película. Algunos de ellos, como por ejemplo la la niña que tiene un potencial evidente si se trabajara con ella y se la puliera, pero una mujer gitana lo tiene muy dificil para poder salirse del camino marcado para ella.

- ¿Trabajar con gente sin ninguna experiencia como ellos fue fácil?

Después de haber elegido a los protagonistas y medida que nos aproximábamos al rodaje, empecé a trabajar con ellos. Conseguimos un local para poder ensayar cerca de su casa y cada tarde quedaba con ellos para explicarles la historia y hacer un simple teatrillo así como otros ejercicios básicos de interpretación para que tomaran consciencia de ellos mismo y del personaje que tenían que interpretar. Guardo un buen recuerdo de esos días y creo que ahí reside la base de esta película. Después, en el rodaje, no hay demasiado tiempo para probar cosas o descubrir nuevos caminos, así que todo lo que hayas conseguido obtener de tus actores en los ensayos previos (sobretodo en este caso en el que no son actores) va ser determinante para conseguir la tan ansiada verdad. Todavía recuerdo los días en los que empezábamos tarde a ensayar porque la policía había detenido a alguno de los dos chicos durante la mañana y el tener que ir a la comisaría para esperar que los dejaran salir y llevármelos directamente al local de ensayo. Ante esa situación te planteas, más que nunca, que sentido tiene hacer cine, y cuales son las cosas realmente importantes de la vida.

Un lunes empezábamos a rodar. Era domingo por la tarde los fui a buscar a su casa. En lugar de ir a ensayar como de costumbre, me los llevé al cine. Fuimos a un gran centro comercial a ver la película ganadora del Oscar de ese año. Era la primera vez en su vida que entraban en una sala de cine. Les encantó la experiencia y, de alguna forma, creo que acabaron de entender que de eso iba lo que íbamos a hacer los próximos días.

- Supongo que estás contento con el impacto de "Yanindara". ¿Qué recorrido más crees que puede tener el proyecto?

De momento esta funcionando bien en festivales. Creo que no es un corto fácil para el público por su duración, por el idioma (gitano romaní) y por la dureza del final, pero pese a ello está siendo premiado y eso siempre es motivo de alegria. Creo que la historia es universal y por eso llega. Espero que siga la buena racha durante los meses que aún le queda en el circuito nacional e internacional.

- ¿Puedes explicar alguna anécdota o algún momento curioso del rodaje?

Fue complicado rodar las escenas con el gatito, trabajar con animales siempre es dificil. A parte de eso las cosas fueron más fáciles de lo que podriamos haber pensado. La escena en la que los dos jovenes hacen el amor costó bastante y tuve que volver a repetirla otro día ya que no estaba satisfecho con el material rodado. Así que un día después de acabar con la fotografía principal me fui al campo con un equipo super reducido, en plan cine de guerrilla a rodar esos planos. Los niños en un ambiente de intimidad y sin la presion de tener a todo un equipo de rodaje pendientes cumplieron y me dieron lo que esperaba de ellos.

- Finalmente, preguntarte también por el Festimatge y qué te parece. Si tuviste tiempo de ver alguna exposición de fotografía, ¿qué te pareció?

Le tengo un especial cariño al Festimatge. Ya había estado en el festival 3 años atrás con mi anterior corto AVATAR que también resultó premiado. El trato con la organización es excelente y consiguen crear un clima de familiaridad y compañerismo entre participantes y el pueblo de calella que creo que es muy valioso. Espero que el festival sigua trabajando en esa dirección por mucho tiempo ya que puede convertirse en un festival de referencia en Catalunya.